¿Por qué se cuelgan los jamones?

Seguramente os habéis planteado esta pregunta al ver en muchos bares, tabernas, restaurantes, bodegas y tiendas las piezas de jamón colgadas del techo. La finalidad de esta costumbre es permitir una correcta ventilación del producto y conseguir que la humedad desaparezca poco a poco, así como el exceso de grasa.

Muchas veces, podremos ver que en la parte inferior del jamón hay un artilugio de plástico, con forma triangular similar a un sombrero de pico invertido, que sirve para recoger la grasa que suda el jamón o que chorrea por la pieza. Ese utensilio recibe el nombre de “chorrera” y evita manchar el suelo.

Para conocer el inicio de esta práctica nos tenemos que remontar a los tiempos de la Inquisición (siglos XVI-XVII) y la persecución de los que no eran cristianos. Tener un jamón colgado del techo significaba que allí se comía el cerdo y que por lo tanto ellos no podrían ser considerados musulmanes ni judíos.

Los cristianos solían identificarse y diferenciarse de esta manera, para evitar los problemas. A pesar de que estas leyendas tienen su fundamento histórico, hablando más técnicamente, antiguamente los jamones se colgaban del techo más bien por higiene.

Pero siendo prácticos, cualquier conocedor consumado del jamón sabrá que el resultado de la conservación no será el mismo si el jamón está apoyado en el soporte, o bien queda convenientemente colgado. De hecho, en el jamón colocado en el “jamonero” se puede acumular moho, porque transpira menos. Colgar el jamón favorece su curación y mejora el sabor.

Author: Mad Jam

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